martes, 12 de abril de 2011

EL SIGLO DE LAS LUCES


En los inicios de los siglos XVIII la sociedad colonial parecía haberse estancado. Las cortes novohispanas privaban el derroche la superficialidad y la corrupción; títulos nobiliarios y puestos de gobierno se compraban y utilizaban para el enriquecimiento personal. La economía crecía con lentitud y el número de pobres con rapidez; las hambrunas, los abusos de caciques, los tributos impuestos a los pueblos llenaban las calles de la ciudad de mendigos y vagabundos, y los campos de bandoleros. La nueva dinastía de los borbones, que sustituyó a los Austrias a principios del siglo, comenzó a modificar a fondo el gobierno virreinal. Bajo los postulados del despotismo ilustrado, que proponía un gobierno para el beneficio del pueblo pero sin su participación, anunciaron la influencia y el poder del rey en las colonias. Surgió el tribunal de la acordada para perseguir y capturar bandidos. Desaparecieron las encomiendas. Se creó un sistema fiscal autónomo del gobierno virreinal. Se logró la emisión única de moneda y fue liberalizado el comercio. Se creó el primer ejército formal de la Nueva España.
En las nuevas secretarías y despachos los funcionarios públicos enviados desde Europa reemplazaban a la naciente aristocracia criolla. Las reformas borbónicas provocaron un nuevo auge en las colonias. La minería y el comercio se desarrollaron rápidamente y con ellas aumentaron los ingresos de la corona española y el gobierno virreinal.
Gracias a la nueva riqueza se identificaron templos y grandes palacios, se construyeron caminos, puentes y obras públicas, y se financió de nuevo la colonización y evangelización del norte del país. Florecieron las artes y las ciencias, y se difundieron las nuevas ideas liberales de pensadores europeos como Newton, Descartes y Voltaire.

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